Mostrando entradas con la etiqueta vuelta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vuelta. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de marzo de 2011

Empaquetando

Esto se acaba. Sí, ya está. En dos días duermes en casa. En casa, ¿dónde? Porque yo ya había convertido esto en mi hogar y estaba totalmente aclimatada. Ahora a volver con los papis a mi Mallorca querida...

Parece que no quiero volver y en este mismo momento tengo muchas ganas de coger ese avión desde Köln. Seré como el hijo pródigo, todos se alegrarán de verme, seré motivo de encuentros y salidas, tengo todo el mes de abril llena de actividades y un viajecito (no puedo tener el culo parado mucho tiempo en un mismo sitio). Disfrutaré de mi isla querida, que no me había dado cuenta cuánto de "Sa Roqueta" soy hasta que vine aquí.

Pero ¿luego qué? Cuando no solo yo deje de ser la novedad, si no que todo se me vuelva rutina otra vez. ¿Sufriré la temida depresión post-Erasmus? Todos mis amigos se quedan un año, soy la única que vuelve ahora. El maldito facebook será el mensajero de todos los planes que harán sin mi. ¿Me encontrarán substituta? ¿Volveré a verlos? "Por supuesto" es la respuesta de ahora. Pero claro, ¿cuándo?

No estoy triste. Creedme que no. Estoy sufriendo tal estrés por con la mudanza que no me hago a la idea de que me voy. Me he aprendido que cuando me preguntan "¿No te da pena irte?" Tengo que decir, "sí". Luego si puedo reaccionar, le explico lo de más arriba.

Posiblemente el siguiente post sea una carta desde Palma. Pero este blog seguirá contando aventuras que se quedaron como borradores, la futura posible depresión post-Erasmus y todo lo que este relacionado con esta aventura.

No es un Auf Wiedersehen, si no un Tschüss.

lunes, 21 de marzo de 2011

Cosas que echaré de menos (II)

Cuando llegué a Aachen lo pasé muy mal durmiendo, aunque mejor dicho despertándome. Aquí no usan las cortinas como nosotros. O directamente no tienen o las tienen traslúcidas (sobretodo las plantas bajas). Tampoco es muy común ver persianas. Yo no tengo ni una ni otra.

La verdad es que al principio es un gran inconveniente: por una parte entra una luz cegadora que no te permite dormir más allá de las diez de la mañana y por otra das el espectáculo erótico-festivo a tus vecinos cada día. Me acuerdo de los primeros días en los que me hospedé en casa de mi querida Lola, salí de la ducha y al irme a vestir a su cuarto, vi al vecino de delante en la ventana. No sé si me miraba porque no le vi la cara, pero yo me escondí debajo de la mesa y me vestí ahí. Una que puede llegar a ser muy pudorosa... Pero como todo en la vida te acostumbras.

Por una parte, ahora me encanta levantarme con la luz del sol. Es un poco putada cuando sales y estás con la resaca, pero si no tienes que madrugar es la mejor manera para despertarse. Ahora con los días más largos, he llegado a levantarme a las ocho sin despertador.

Si tenemos en cuenta el lado de cero-intimidad, tengo la suerte de que no tengo vecinos en frente y por tanto no he tenido que acostumbrarme a ello. El edificio más cercano (y no está cerca) es uno de la universidad y solo se ven despachos de profesores. Por tanto puedo ir en ropa interior todo el día sin problemas. Eso, o tengo un club de fans. Porque una no será un ángel de Victoria's Secret, pero puede llegar a ser muy sugerente una clase de yoga en braguitas.

Entiendo que la cultura del sol aquí es diferente, y hay que aprovecharlo al máximo. Pero esto solo funciona aquí y lo educados que son los alemanes. Vamos, me imagino alguna vecina mía haciendo guardias vigilando a los demás... O por ejemplo, mi madre cuando vino, se asomaba para ver la decoración de las casas (de verdad que mi madre es única). Tienes que ser alemán para saber vivir y dejar vivir sin cortinas. Yo aún me estoy ganando el pasaporte.

domingo, 20 de marzo de 2011

Cosas que voy a echar de menos (I)

Esto se me acaba. Ya puedo contar con los dedos de la mano los días que me quedan en Aachen. Por eso, ya estoy haciendo acopio de cosas que me quiero llevar a mi casa. Pero hay cosas que son imposibles y es una noche como la de ayer.

Fuimos a celebrar el cumpleaños de Héctor y allí estábamos: españoles, franceses y alemanes. Mezclando inglés con alemán y enseñando la diferencia entre "pero" y "perro". Presumiendo de isla y conociendo calas de Mallorca que desconocía como "Cala Über". Vaya hartón de reír con ése "Cala Über". También fue muy divertido cuando nos preguntaron unos chicos alemanes que habían estado por España, que por qué el "bocadillo con cebolla" llevaba huevo. Nos entraba la risa solo de pensar en un bocadillo de cebolla... Hasta que descubrimos que en realidad era un bocadillo de tortilla de patatas y que en ese bar había con cebolla o sin cebolla.

Noche memorable en la que me reí mucho.

Eso sí, ya estoy más cerca de que me den el pasaporte alemán porque sé abrir las cervezas sin abridor. Y no, no es con los dientes. Me llego a quedar medio año más y me hacen hija adoptiva.

viernes, 25 de febrero de 2011

Bipolar

Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver. Quiero volver. No quiero volver.

Así me encuentro yo a casi un mes de volver a casa. Depende con que pie me levante, hay días que me quiero ir ya para casa y descansar de esta gran aventura. Pero hay días que me ataría a un árbol a lo Tita Cervera.

Porque volver a casa no pinta mal: buen tiempo, acabar la carrera, reecontrarme a mi gente querida. Volvería bajo la vigilancia de mis padres, pero vengo dispuesta a reclamar la libertad e independencia que me corresponde con 24 años.

Pero esto es tan genial... Tengo mi independencia, que es una de las cosas que más valoro. La ciudad... No sé cuántas veces voy a decir lo que me gusta. Estoy en un punto del alemán que con dos meses o tres tendría un nivel útil. Quiero viajar mucho más. Y los amigos, obviamente.

Pero quiero volver... Pero quiero quedarme... Mejor disfruto de lo que me queda y ya.